Una fatídica noche hace apenas 5000 años un joven pastor descansaba reclinado en un árbol junto a su rebaño de ovejas mientras contemplaba el firmamento plagado de estrellas a las que no sabía dar explicación cuando entre los matorrales escucho unos ruidos a los que pronto dio forma debido a claridad que le proporcionaba la luna, eran LOBOS, había escuchado muchas historias acerca de estos animales pero hasta ahora nunca se había topado con ninguno, sabia que tenía que actuar rápido o acabarían con todo el rebaño, pero el miedo atenazo sus piernas y solo acertó a mirar a su alrededor en busca de alguna piedra que arrojarles, pero las que estaban a su alcance eran demasiado grandes y pesadas para sus fuerzas.
Su corazón latía cada vez con mas fuerza golpeando una y otra vez contra su pecho mientras que los lobos se acercaban cada vez mas y mas hasta que estuvieron tan cerca que las ovejas sintiéndose amenazadas empezaron a correr de un lado a otro y a valar con todas sus fuerzas, como gritos en busca de auxilio, nunca las había oído valar tan fuerte, el sonido era ensordecedor y se mezclaba con los gruñidos de los lobos que parecían darse instrucciones para organizar la mejor forma de atacar .
El joven pastor dio un brinco y alcanzo una de las ramas del árbol donde hasta hace apenas un momento se apoyaba placidamente, en ese instante solo pensaba en su vida, pero una vez subido en el árbol y a salvo del ataque, vio como uno de los lobos alcanzo a una de sus ovejas, era Manchada, pasaba mucho tiempo solo con sus ovejas y había decidido ponerles nombre a todas; esto le ayudaba a la hora de contarlas y las hacia parecer mas humanas, para el las ovejas eran mas que animales, porque pasaba tanto tiempo con ellas que se habían convertido en sus únicas amigas y compañeras de viaje, además de ser el único sustento de su familia.
Manchada intento revolverse inútilmente mientras el lobo le clavaba sus colmillos en el cuello y movía su hocico de un lado a otro con gestos secos que intentaban desgarrar la piel del animal, los ojos de Manchada permanecían abiertos como si el miedo le hubiera paralizado los parpados a la vez que un reguero de sangre empezaba a deslizarse por su cuello, fue entonces cuando el joven pastor recordó que en la cueva que había junto al rebaño y que no hace mucho tiempo debió de ser la guarida de algún animal aunque ahora el la utilizara como almacén e improvisado refugio para los días donde el frío hacia imposible dormir a la intemperie, en ella guardaba unas pequeñas vasijas de barro con las que recogía la leche de las ovejas, que le servia de alimento a el y a su familia e incluso a veces le sobraba la suficiente como para cambiarla en el mercado por otros alimentos, fue entonces cuando el pastor reunió todo el valor que pudo y de un salto bajo del árbol y corrió hacia las cueva, cargo con cuantas vasijas pudo entre sus brazos y la vez que gritaba como nunca antes había gritado empezó a lanzárselas a los lobos, estos al verle llegar frenaron su ataque levantaron sus cabezas y ladeándolas hacia un lado intentaron reconocer de donde venían aquellos gritos, pero antes de que pudieran reaccionar uno de los lobos, el que parecía mas grande y que sin lugar a dudas era el jefe de la manada recibió un vasijazo en toda la cabeza que le hizo desestabilizarse y caer al suelo emitiendo agudos gemidos de dolor, esto hizo que el resto de los lobos fijaran su atención en el valiente pastor que sin dejar tregua seguía lanzando gritos, vasijas y cualquier cosa que encontraba a su paso hasta que los lobos aturdidos por el ruido y los golpes parecieron regresar a las profundidades del bosque, pero cuando todo parecía mas tranquilo y el pastor empezaba a bajar la guardia sintió como algo se clavaba en su pierna provocándole un dolor que le recorrió todo el cuerpo, cuando por fin consiguió reaccionar y se giro para hacer frente a lo que el creía un lobo se dio cuenta que allí no había nada, pero su sorpresa fue mayor cuando al mirar su pierna en busca de la herida que le había provocado aquel dolor tampoco había nada…..
Cuenta la leyenda que fue el mismísimo diablo el que mordió por que tras unos instantes el pastor callo al suelo y empezó a sufrir unas convulsiones que le hicieron retorcerse durante varias horas y cuando por fin cesaron se levanto con los ojos inyectados en sangre y como si estuviera poseído se dirigió a Manchada, la oveja que había sido malherida por el ataque de los lobos, y mientras esta seguía luchando por respirar el joven con su propias manos desgarro la panza del animal y buscando entre sus entrañas arranco su estomago, lo vació y lo relleno con la leche de las ovejas que habían salido indemnes del ataque de los lobos.
Tras esto el pastor callo al suelo y durmió durante dos días; al despertar no recordaba apenas nada de lo ocurrido, pero cual fue su sorpresa cuando al acercase al estomago arrancado de las entrañas de Manchada descubrió que la leche por la acción del cuajo que habita en una de las cuatro partes del estomago del rumiante se había convertido en una masa sólida que con el tiempo termino llamándose QUESO.
El joven pastor no lo sabía, pero se acababa de convertir en el instrumento creador de alimento del diablo, y como toda creación diabólica pronto fue aceptada por la gente haciendo que su receta pasara de generación en generación y sin darnos cuenta se ha convertido en pieza esencial de nuestra alimentación y es consumido por todo tipo de personas, cualquiera que sea su raza, edad o religión ayudado por las múltiples variedades de quesos en las que ha derivado su receta inicial, algunas de las cuales solo se entiende su consumo bajo el influjo de algún oscuro conjuro como es el caso del queso de Cabrales, que basa su sabor en la aparición del moho que se produce en el queso tras permanecer de dos a cuatro meses en cuevas con una humedad relativa del 90% y unas temperaturas de ente 8º y 12º C.
Ya la ley judaica intento acabar con este alimento prohibiendo el uso del cuajo animal pero esto no paro la producción de algo ya demasiado extendido y solo consiguió que se produjera la búsqueda de nuevos coagulantes vegetales como el jugo de la higuera y los brotes de cardo.
Varios siglos después me he propuesto recoger el testigo de aquellos héroes anónimos que intentaron acabar antes con este diabólico alimento y cuyos nombres deberían aparecer con letras de oro en los libros de historia……….